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Somos una Comunidad Educativa con una nueva visión de educación que se cohesiona por un interés común: el desarrollo del SER humano, la sociedad y la conservación de la naturaleza.

Inspirados en la mirada holística de Satish Kumar (educador, escritor y sabio activista de la Tierra, el Alma y la Sociedad) y de la mirada ecosistémica de Yayo Herrero (antropóloga, profesora y activista de la educación ecosocial) hemos ido fortaleciendo nuestra propia mirada y perspectiva de la nueva forma de hacer educación.

CAYUMAN se inspira en las escuelas de Kumar que se basan en una pedagogía que no fragmenta el aprendizaje ni al estudiante, porque introduce una nueva ética en la que la escuela es la vida. Satish Kumar considera que “en el corazón del aprendizaje se sitúa el autoconocimiento y la autosuficiencia. El autoconocimiento entendido como la dimensión interior, el SER; cultivar el espíritu a través del camino hacia la conciencia. La autosuficiencia, entendida como la dimensión exterior, el HACER; trabajar la Tierra a través de la huerta y desarrollar habilidades para la vida. Autoconocimiento y autosuficiencia como instrumentos para desarrollar nuestros talentos y trabajar al servicio de la comunidad y como instrumentos de convivencia para aprender a relacionarnos, primero con nosotros mismos, con nuestra familia, amigos, la comunidad y con la naturaleza”

Dada la formación profesional y experiencia clínica y educacional de su fundadora, la psicóloga y educadora Paula Oliva, el cambio de foco de la educación actual es urgente, y debe impulsar y educar hacia una mirada interior y también exterior, hacia la naturaleza y la sociedad, hacia lo esencial de la existencia.

En CAYUMAN educamos para la autoconsciencia y la autosustentabilidad.

El propósito de nuestra comunidad educativa es:

  • Responder a las necesidades del ser humano de hoy.
  • Educar para la consciencia.
  • Educar para la transformación ECOSOCIAL

Como base valórica fundamental priman la colaboración, la no violencia y la libertad de cada uno de los integrantes de la comunidad escolar, en una convivencia amorosa, legitimada y respetuosa.

La Comunidad Educativa toma más fuerza con su nombre emblema  CAYUMAN, palabra de origen mapuche (kayu, seis – mañke, cóndores) que significa seis cóndores. A lo largo de los siglos, los animales son considerados como símbolos de poder. Y es que desde las culturas más ancestrales se han asociado sus características con determinados poderes. En el caso del cóndor, éste se asocia a la capacidad de vuelo, visión desde las alturas, su despliegue de alas, el poder de renacimiento, de purificación, de tener visiones y el Amor, entendido como el amor que se siente en un estado más puro e incondicional como el de una madre. Nuestra identidad, quiere honrar a nuestros pueblos originarios ancestrales de toda Latinoamérica que se encuentran y coexisten a través del manto andino.

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“Preparamos a nuestros estudiantes para que aporten y se  vinculen más fácilmente a los procesos  transformativos  de sus realidades.”  Paula Oliva, fundadora Cayuman.

 

“La experiencia como padre en la comunidad educativa Nueva Visión ha sido muy gratificante, no solo por el desempeño de mi hija en términos educativos y/o académicos, si no también por los valores que transmiten día a día. El enfoque educacional que tienen, la dedicación personalizada a cada alumno, es algo que no se encuentra en la educación tradicional”.

(Mauricio, papá de Vanessa de 10 años)

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“Para nuestra familia Nueva Visión, ha sido exactamente eso; una nueva visión para nuestro hijo. Desde que ingresó al sistema de educación tradicional el camino fue triste y desgastante, principalmente para nuestro hijo, ya que no se sentía aceptado a tan corta edad. Desde que llegamos a Nueva Visión nuestra experiencia ha sido excelente y un tremendo respiro emocional, además que en Casa Escuela, como le llamamos, les enseñan como individuo para poder alcanzar su máximo potencial, por lo tanto, aumentar su autoestima y   confianza en sus capacidades.

Como familia estamos agradecidos y felices estos 2 años, donde hemos visto crecer y desarrollarse a nuestro hijo potenciando sus fortalezas y trabajando sus debilidades.”

(Andrea y Sergio, padres de Sebastián 9 años)

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